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etica y saludNo cabe la menor duda que en el sector sanitario se están realizando esfuerzos para llegar a un completo desarrollo de las nuevas tecnologías, ya sea por parte de las instituciones como de los profesionales, ya sea público o privado. Todos son conscientes de esto, posiblemente por razones distintas, pero involucrados en el proceso. Estamos inmersos en eso que se ha dado en llamar como la “transformación digital”. El avance parece que no tiene vuelta atrás.

La información que se vierte en este desarrollo tecnológico, léase historias clínicas, receta electrónica, aplicaciones para usuarios (unas 325.000 apps relacionadas con la salud), y un amplio etcétera; debe incluir en paralelo un orden y un protocolo para salvaguardar la confidencialidad y privacidad de los datos. Esta información da para mucho, grandes empresas (no vinculadas a la salud precisamente) hacen de los datos difundidos un arma eficaz para llegar -no al usuario- sino al consumidor. Afortunadamente el big data parece tener escasa repercusión (de momento) en la práctica habitual en el sector salud, pero debemos estar alerta para que la explotación de datos se realice de forma acorde a la normativa. Existen plataformas en internet que saben casi todo de nosotros, no voy a descubrir aquí cuales son: ya saben. Se imaginan esto en relación a nuestras salud, o mejor dicho, de nuestras enfermedades. Recordar que detrás de un dato existe una persona.

Me gustaría hace hincapié en la parte de este desarrollo que lleva aparejada una ética a aplicar. Si es imparable el avance, que así lo creo, este debe ser ético en su hacer.No nos podemos permitir violar la esencia de una persona, esa dignidad innata que impide el manejo sin consciencia de los datos. Sencillamente no está justificado.

La bioética, como ética aplicada, debe ser parte de quien garantice unos principios y valores morales en el desarrollo de las tecnologías, incluida en la deontología de los profesionales y en los planes de acción de instituciones y empresas. Los clásicos principios bioéticos: autonomía, beneficencia, justicia y no maleficencia, deben ser referentes, deben ser parte del razonamiento antes de la gestión, deben ser las reglas o herramientas que debamos utilizar.

Debemos reflexionar sobre el poder que puede dar el control de los sistemas de comunicación. La mercantilización de los datos puede llegar a cambiar los valores morales del usuario. Todo ello será evitable con una ética digital sería y eficaz. Protegiendo al usuario, involucrando a los distintos actores de esta era digital y, como no podía ser de otra forma, con el legislador. A este le viene dada la responsabilidad de disponer de leyes que permitan hacer frente a las demandas de los ciudadanos.

Creo que utilizar la ética en la salud para reivindicar una mejora en el desarrollo tecnológico será un elemento positivo. No debemos olvidar cual es el fin último desde el punto ético, hacer al usuario el centro de los servicios sanitarios, empoderar en lo éticamente correcto.

La tecnología debe estar al servicio de la sociedad, éticamente hablando. Todo ello por y para el bien de la salud.

Por Javier Yagüe

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